Una vez
leí una frase que me dió mucho que pensar. Esta decía “No hay mejor almohada
que una conciencia tranquila”.
Esa
misma noche, tumbada en mi cama, me puse a repasar mi vida, mis acciones, mis vivencias, discusiones
y encontronazos con las personas que habían pasado por mi vida y están en ella.
Analice todo lo que recordaba y dándole vueltas a estas cosas me quede dormida,
por lo cual llegue a la conclusión de que podía estar tranquila, pero ¿y tú?
¿Tú
puedes dormir bien noche tras noche? ¿Cuántas promesas lanzaste al aire para
luego no cumplirlas? ¿Dónde han quedado los para siempre que tan fácil salían
de tu boca? ¿Cuándo íbamos a hacer esos planes que siempre posponías para otro día?
¿Por qué te divertía tanto jugar con lo que yo sentía? Porque o no tienes
conciencia o padeces de insomnio, y sinceramente yo opto por lo primero.
Ahora
desde la distancia del tiempo, se que tus palabras no tenían valor, que salían
de tu boca como aire y en eso se quedaban, porque no fuiste capaz de hacerlas
realidad. Sé que yo tampoco cumplí algunas de las promesas que te hice, no fue
porque no quisiera, si no porque te fuiste antes de que las pudiera cumplir.
Y hoy
te digo que te quedes con tus promesas, tus para siempre y tus planes. Hoy soy
yo la que se va, sin mirar atrás, porque sé que merezco a alguien que disfrute
viendo mi sonrisa y no viendo como caen las lágrimas por mis mejillas. Hoy te
digo adiós porque sé que merezco a alguien mejor, alguien que al igual que yo
cada noche se acueste sobre una conciencia tranquila. Pero, ¿y tú?
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