Desde que
quisiste dejar de formar parte de mi vida he tratado de dejar la mente en
blanco, en blanco pero era muy difícil.
Los recuerdos
me abordaban, aquellas tardes paseando, esas mañanas andando en bici, los días
de risas… todo eran recuerdos que aunque en su momento fueron felices me
llevaban a sufrir porque ya no estabas a mi lado para compartirlos.
Pero el
otro día, tumbada en mi cama lo logré, conseguí por fin que mi mente se quedara
en blanco, que no pensara y sobre todo que no aparecieras por allí para volver
a atormentarme. Cuando me deje llevar fui a sitios paradisiacos, salvajes o
desiertos pero todos tenían algo en común, que ya no los compartía contigo, si
no con la gente que me rodea y que está conmigo de verdad en los buenos pero
sobre todo en los malos momentos.
Dejar la
mente en blanco y dejarse llevar suena increíblemente bien, sobre todo si
cuando lo hago tú no eres la primera persona que aparece.
Esa señal
es la que me indica que ya eres parte del pasado, que ya no eres mi prioridad,
que pocas lagrimas recorrerán mi mejillas siendo tu el motivo y la razón. Ya te
he almacenado en una caja en el fondo de mi cerebro junto con otros recuerdos. Ahí
te quedas, en esa zona reservada para vivencias pasadas y retales de mi vida,
ya eres parte del AYER.
A
partir de ahora para mi es HOY y la vida hay que vivirla en presente. Por eso
toca disfrutar reír y sobre todo vivir. Se acabo el tener que reconstruirme de
mis escombros cada mañana.
Dejar
la mente en blanco y dejarse llevar suena increíblemente bien, asique voy a
compartirlo con aquellos que me hacen sonreír y que forman parte de mi HOY.
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