domingo, 16 de noviembre de 2014

Negación



No puede ser que te hayas ido. No puede ser que me hayas abandonada. Creo cada día que me levanto que esto es un mal sueño, una pesadilla recurrente que cada noche me acosa. Cada mañana al darme cuenta de mi triste realidad pienso que recibiré una llamada tuya diciéndome que te equivocaste, que todo fue un error y que te has dado cuenta de que no puedes vivir sin mí.

Cada vez que me llaman pienso que eres tú, llamándome desde un autobús que te trae hacia mí para decirme que echas de menos mis besos, mis abrazos, mis tonterías, mis risas, nuestros momentos, las miradas que nos cruzábamos y sin decirnos una sola palabra nos decíamos todo mientras nos jurábamos amor eterno.

No puedo creerme aun que te hayas ido de mi lado y que no vayas a volver. Que no sea un error que has cometido, que fue una mala decisión en un momento de calentón. Cada día me repito que sé que volverás a por mí para poder hacer realidad todas esas promesas que nos hicimos.

Dolor



Tus palabras fueron duras, directas pero duras, mientras las decías sentía como algo por dentro me desgarraba, no solo el corazón, si no todo lo que le cogía de paso. Mi alma se hizo pedazos. No hay peor sentimiento que tu alma hecha añicos por alguien que no supo cuidarla.

El comer se me hizo imposible, al igual que el dormir, cada vez que cerraba los ojos, ahí estabas tú, con tu eterna sonrisa de no haber roto un plato en tu vida y menos un corazón. Pero que engañada me tenias, quien me iba a decir que tras esa sonrisa se ocultaba una persona capaz de producirme tanto dolor.

El simple hecho de tener que levantarme de la cama para salir de mi habitación me suponía el mayor de los esfuerzos, incluso respirar era un trabajo muy pesado para mí.

No quería estar con mis amigas, ni se me pasaba por la cabeza reírme. Tan solo quería llorar. No podía concentrarme en el trabajo, era como si tus palabras me hubiesen llevado a una realidad paralela que yo no me quería creer.
Pero ahí estaba yo, o más bien lo que quedaba de mí.

martes, 10 de junio de 2014

Mente en blanco



Desde que quisiste dejar de formar parte de mi vida he tratado de dejar la mente en blanco, en blanco pero era muy difícil.
Los recuerdos me abordaban, aquellas tardes paseando, esas mañanas andando en bici, los días de risas… todo eran recuerdos que aunque en su momento fueron felices me llevaban a sufrir porque ya no estabas a mi lado para compartirlos.
Pero el otro día, tumbada en mi cama lo logré, conseguí por fin que mi mente se quedara en blanco, que no pensara y sobre todo que no aparecieras por allí para volver a atormentarme. Cuando me deje llevar fui a sitios paradisiacos, salvajes o desiertos pero todos tenían algo en común, que ya no los compartía contigo, si no con la gente que me rodea y que está conmigo de verdad en los buenos pero sobre todo en los malos momentos.
Dejar la mente en blanco y dejarse llevar suena increíblemente bien, sobre todo si cuando lo hago tú no eres la primera persona que aparece.
Esa señal es la que me indica que ya eres parte del pasado, que ya no eres mi prioridad, que pocas lagrimas recorrerán mi mejillas siendo tu el motivo y la razón. Ya te he almacenado en una caja en el fondo de mi cerebro junto con otros recuerdos. Ahí te quedas, en esa zona reservada para vivencias pasadas y retales de mi vida, ya eres parte del AYER.
A partir de ahora para mi es HOY y la vida hay que vivirla en presente. Por eso toca disfrutar reír y sobre todo vivir. Se acabo el tener que reconstruirme de mis escombros cada mañana.
 
Dejar la mente en blanco y dejarse llevar suena increíblemente bien, asique voy a compartirlo con aquellos que me hacen sonreír y que forman parte de mi HOY.

jueves, 5 de junio de 2014

Conciencia



Una vez leí una frase que me dió mucho que pensar. Esta decía “No hay mejor almohada que una conciencia tranquila”.

Esa misma noche, tumbada en mi cama, me puse a repasar  mi vida, mis acciones, mis vivencias, discusiones y encontronazos con las personas que habían pasado por mi vida y están en ella. Analice todo lo que recordaba y dándole vueltas a estas cosas me quede dormida, por lo cual llegue a la conclusión de que podía estar tranquila, pero ¿y tú?

¿Tú puedes dormir bien noche tras noche? ¿Cuántas promesas lanzaste al aire para luego no cumplirlas? ¿Dónde han quedado los para siempre que tan fácil salían de tu boca? ¿Cuándo íbamos a hacer esos planes que siempre posponías para otro día? ¿Por qué te divertía tanto jugar con lo que yo sentía? Porque o no tienes conciencia o padeces de insomnio, y sinceramente yo opto por lo primero.
Ahora desde la distancia del tiempo, se que tus palabras no tenían valor, que salían de tu boca como aire y en eso se quedaban, porque no fuiste capaz de hacerlas realidad. Sé que yo tampoco cumplí algunas de las promesas que te hice, no fue porque no quisiera, si no porque te fuiste antes de que las pudiera cumplir.

Y hoy te digo que te quedes con tus promesas, tus para siempre y tus planes. Hoy soy yo la que se va, sin mirar atrás, porque sé que merezco a alguien que disfrute viendo mi sonrisa y no viendo como caen las lágrimas por mis mejillas. Hoy te digo adiós porque sé que merezco a alguien mejor, alguien que al igual que yo cada noche se acueste sobre una conciencia tranquila. Pero, ¿y tú?

lunes, 26 de mayo de 2014

Se acabó



Se acabó. Ya no quiero más caricias robadas, más besos furtivos ocultos por el manto de la noche, ni más abrazos a escondidas en tu habitación.

Yo quiero y me merezco a alguien que vaya a mi lado y me de la mano inesperadamente. Alguien que me robe los besos a todas horas sin tener que ocultarnos para no ser objeto de miradas indiscretas. Alguien que me abrace sin la necesidad de algún motivo para hacerlo.

Me he cansado de mentiras y excusas, para mí y para todo el mundo, para y por ocultar algo que nos hacia realmente felices. Eso nos acabo condenando, yo trataba de sonreírte con la mejor de mis sonrisas, pero mi calvario iba por dentro. Mi cara estaba seca pero mi corazón se había ahogado hacia tiempo de tanta lágrima interna.

Nuestra historia termino. Me costó expulsar todo el agua salada que llevaba en mi interior y tuve que reanimar a mi pobre corazón para que volviera a latir. Y ahora aquí estamos los dos, mi corazón y yo, dispuestos a buscar a alguien que nos merezca, que nos haga sonreír y seamos el motivo de su sonrisa. Para hacernos felices, realmente felices y vivir la historia que nos merecemos, mi corazón y yo.

Por eso te digo adiós, no quiero más medias tintas, quiero tintas enteras capaces de resistir una historia de verdad llena de alegrías y de tristezas, pero que resista todo para poder vivir todo aquello que nos merecemos.