domingo, 16 de noviembre de 2014

Dolor



Tus palabras fueron duras, directas pero duras, mientras las decías sentía como algo por dentro me desgarraba, no solo el corazón, si no todo lo que le cogía de paso. Mi alma se hizo pedazos. No hay peor sentimiento que tu alma hecha añicos por alguien que no supo cuidarla.

El comer se me hizo imposible, al igual que el dormir, cada vez que cerraba los ojos, ahí estabas tú, con tu eterna sonrisa de no haber roto un plato en tu vida y menos un corazón. Pero que engañada me tenias, quien me iba a decir que tras esa sonrisa se ocultaba una persona capaz de producirme tanto dolor.

El simple hecho de tener que levantarme de la cama para salir de mi habitación me suponía el mayor de los esfuerzos, incluso respirar era un trabajo muy pesado para mí.

No quería estar con mis amigas, ni se me pasaba por la cabeza reírme. Tan solo quería llorar. No podía concentrarme en el trabajo, era como si tus palabras me hubiesen llevado a una realidad paralela que yo no me quería creer.
Pero ahí estaba yo, o más bien lo que quedaba de mí.

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